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Aportaciones de Duncan K. Foley a la Teoría Marxista del Dinero
Víctor M. Soria
La aportación de Foley a la teoría marxista del dinero estriba en el esfuerzo de actualización de la misma, permaneciendo fiel al núcleo de la teoría del valor. Su interpretación profunda de la teoría monetaria de Marx lo lleva a poner acento en la problemática del valor del dinero (VD) antes que en los agregados monetarios, como lo hacen los cuantitantivistas. De esta manera Foley no cae en la trampa de proponer que la inflación es un resultado de la emisión de dinero en exceso de las necesidades de circulación, ni tampoco culpar de la inflación a la estructura monopólica u oligopólica. Más bien, su línea de análisis sugiere buscar la fuente de la inflación crónica de los años 1970, en los cambios de la dinámica de la producción y la acumulación capitalista en los países desarrollados. En relación al VD en los países latinoamericanos, apunta que está altamente influenciado por la deuda externa.
El punto más importante que surge de la teoría monetaria de Marx es la idea de que el dinero es una forma de valor. La dificultad con esta idea, apunta Foley, es que las personas están más familiarizadas con el dinero mismo que con otras formas de valor. Por ejemplo, las empresas valúan su maquinaria y equipo o sus inventarios de mercancías, cuyo equivalente generalmente se expresa en dinero, pero que no tienen la forma de dinero.
La gente piensa en términos de valor y en como transferirlo
En vista de que las mercancías a la vez satisfacen necesidades humanas (como valores de uso) sirven para intercambiarse por otras mercancías (como valores), en las sociedades en las que existe un intercambio generalizado, el valor toma formas independientes como dinero en términos de su intercambiabilidad. Las personas piensan en términos de valor y como transferirlo separadamente de ciertas mercancías, por lo que el dinero viene a ser una expresión social del valor, separado de cualquier particularidad concreta de un valor de uso.
Para la teoría del dinero en Marx es importante considerar la proporcionalidad del valor al tiempo de trabajo, ya que esto implica que cada unidad de valor-dinero puede decirse que representa una cierta cantidad de tiempo de trabajo. De esta manera Foley propone que el VD es la razón del tiempo de trabajo total gastado al valor total de las mercancías producidas. Así, mediante esta convención, el VD mantendrá la idea de que el dinero es una forma de valor; que el valor se mantiene en el intercambio; y que el gasto de trabajo crea valor.
De acuerdo con Foley, considerar que el dinero sea un correlato del valor de la fuerza de trabajo, del capital variable, del capital constante y del plusvalor, constituye el punto más importante para entender la teoría del dinero de Marx. El dinero es una forma de valor, de hecho la única forma pura de valor.
Marx analiza una forma particular de dinero, el caso donde una mercancía se convierte en el “equivalente general”, la cual está representada por el “oro”, aun cuando podría ser otra mercancía socialmente aceptada. Sin embargo, el oro es a la vez un valor de uso, una mercancía-valor y, además el equivalente general. Marx se enfrenta a este rompecabezas mediante la teoría de la mercancía equivalente general; todas las otras mercancías excluyen una, el oro, forzándolo a tomar el papel de medir y expresar cada uno de sus valores en su propia cantidad.
Es crucial distinguir el valor del dinero-mercancía
En un sistema de dinero-mercancía, es crucial distinguir entre el VD (como tiempo de trabajo equivalente a la unidad monetaria) y el “valor del dinero-mercancía”. Marx argumenta como se este último determinara al VD, una vez que la sociedad ha fijado un estándar de precio. Por ejemplo, hasta 1933 el dólar estadounidense tenía un valor de un veintiavo de onza de oro. Si para producir una onza de oro se necesitan veinte horas de trabajo, y un dólar es un veintiavo de onza de oro, el VD será igual a una hora por dólar. No obstante, el oro puede intercambiarse con otros bienes en una proporción diferente a la de su tiempo de trabajo incorporado. Esto puede suceder si el oro tiene un costo de trabajo diferente, si hay monopolio o intercambio desigual en la producción de este metal.
La mayoría de los teóricos marxistas asumen que el problema del VD ha sido resuelto por la teoría del equivalente general y la idea del estándar de precio. No ven una diferencia sustancial entre el VD y el valor del dinero-mercancía. Foley, en cambio, ve algunos problemas en términos de los cambios habidos en el siglo XX: 1) que el vínculo entre el dinero de los diversos países y entre el dinero y el oro se ha vuelto muy débil, de modo que el espacio en que se mueven el VD y el oro se ha complejizado; 2) existe otra dificultad más fuerte si pensamos en el dinero como forma de valor, o sea el problema que tienen las personas en la transferencia y posesión de algo abstracto como el valor mismo. Parecería que la forma más simple de transferir el valor sería el mantenerlo y circularlo a través de promesas de pago. Una alternativa sería la de concretarlas por medio del oro; otra alternativa sería el crédito estatal en lugar del oro, como el medio de pago último para los intercambios privados. Es decir, el Estado se ubicaría al final de las promesas de pago como el garante en última instancia. Esta segunda alternativa invierte el argumento de Marx, ya que para éste, el oro es verdaderamente el dinero presente, mientras que las formas de crédito son sólo substitutos. Foley vería, analíticamente, el crédito como la primera forma de dinero, y el oro tan sólo como una mediación última en el punto de crisis.
No obstante, en ambas alternativas, se tendría el problema de entender cuales son las leyes dinámicas que gobiernan el VD. Para resolver estos problemas tendríamos que apoyarnos en el análisis mismo de la reproducción y la acumulación de capital.
La teoría del dinero de Marx era perfectamente aplicable a los problemas del siglo XIX. En primer lugar Marx argumenta que el valor del oro está determinado por sus condiciones de producción, de la misma manera que lo son cualesquiera otras mercancías. Pero existen substitutos del oro, tales como billetes, monedas, etcétera, cuyo valor está regulado por el precio del oro. La emisión de estos substitutos está regulada por la posibilidad de su convertibilidad en oro. En los casos en que la convertibilidad desaparece por una guerra u otros motivos, Marx efectúa un análisis claro. En estos casos el papel moneda circulará al principio en lugar del oro como si fuera convertible. Pero si la emisión es muy grande, entonces surgirá un descuento del papel moneda frente al oro. Este último continúa funcionando como equivalente general y expresa, como siempre, los precios de las mercancías. Los precios de éstas en papel moneda son determinados directamente por el descuento que sufre en el mercado el papel moneda frente al oro.
El caso alemán de hiperinflación en 1922-1924 puede ser muy bien explicado por la teoría monetaria de Marx. Los precios eran fijados en términos de marcos de oro, libras o guilders, divisas que tenían una relación cercana con el valor del oro. Los precios del marco de papel eran calculados multiplicando el precio del oro por el tipo de cambio entre los marcos y las divisas en oro establecidas por los mercados de cambio extranjeros. El punto es que las depreciaciones de las emisiones de billetes en exceso, no refleja un alza general en los precios de todas las mercancías como resultado de la demanda excedente en todos los mercados, como la teoría cuantitativa indica, sino una baja específica en el valor del papel-moneda relativa al equivalente general en el mercado.
Un problema, la desaparición del patrón oro
Cuando nos movemos al análisis de los fenómenos monetarios del siglo XX, entramos en dificultades con la teoría del equivalente general. El problema más obvio es la desaparición del patrón oro en los países capitalistas desarrollados. En los primeros años de la década de 1930, la Gran Depresión forzó a la mayoría de los países a dejar el patrón oro. Estado Unidos se mantuvo formalmente con dicho patrón, pero adoptó la política de suprimir las funciones monetarias del oro por parte de los ciudadanos, excepto en joyas y monedas de colección. Así, ya no fue fácil que surgiera un descuento en el mercado entre el dinero circulante y el oro.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el dólar se convirtió en la divisa clave, manteniendo ligas débiles con el oro. En los últimos años de la década de 1960 los economistas liberales del gobierno de Estados Unidos argumentaron que el dólar era el que sostenía la función del oro y no al contrario. En 1971, con el colapso del sistema de tipos de cambio fijos y la liberalización del mercado del oro, los precios de éste se volvieron muy volátiles.
Foley propuso dos puntos para actualizar la teoría marxista del dinero a los problemas monetarios del siglo XX. La primera propuesta diría que las ligas entre el oro y el dinero han devenido tan débiles que en la práctica casi nunca afectan el VD establecido por las decisiones de precios de las empresas capitalistas. La segunda propuesta argumentaría que el sistema de pago mediante el crédito ha sido perfeccionado en ese siglo a través de la eliminación del oro dentro de la cima de la pirámide de las promesas de pago. El Estado ocupa tal lugar, y está en mejor posición para mediar las contradicciones de la acumulación de capital mediante la disposición de su propio crédito, al no temer que se dé una presión externa para convertir del dinero nacional en oro.
La necesidad de un enfoque analítico
Sobre la base de los dos puntos anteriores, Foley sugiere que se puede diseñar un enfoque analítico para enfrentar los problemas monetarios modernos, permaneciendo fiel al núcleo de la teoría marxista del dinero y evitando las simplificaciones del monetarismo moderno. En primer lugar, el VD está determinado históricamente por las decisiones de precios de las empresas mismas. En cualquier momento, una unidad de dinero expresa una cierta cantidad de trabajo social abstracto. Si la venta es fácil, las empresas elevarán sus precios y el VD declinará. Si la venta es más difícil, el VD bajará con menor rapidez.
En segundo lugar, dado el VD, los mecanismos monetarios y crediticios enfrentan el problema de financiar el flujo de compra-venta de mercancías al nivel del VD. En las economías capitalistas modernas este problema se resuelve mediante la expansión o contracción del crédito. Primordialmente, la expansión del crédito es inherente a las transacciones privadas de las empresas, ya que dependen del crédito privado para financiar la mayoría de sus transacciones. La regulación específica de ciertos sectores de los mercados de crédito, como los encajes legales impuestos en Estados Unidos a los bancos comerciales, sirven para determinar la proporción de las transacciones de crédito que pasen a través de esos sectores y el precio que cargan los bancos por sus servicios crediticios.
Desde un punto de vista teórico la utilidad de la teoría del dinero de Marx reposa en el ordenamiento de los problemas monetarios. El problema del VD es anterior a la cantidad de dinero circulante. En un sistema de dinero-mercancía, el problema del VD parece tener una buena solución en la idea de que el VD está determinado por el valor del dinero-mercancía. Cuando el sistema monetario evoluciona más allá del dinero-mercancía, el VD tiene mayor libertad de movimiento para mediar las contradicciones de la producción capitalista. Esta libertad, sin embargo, no cambia el orden del análisis teórico. El VD conserva su primacía sobre la cantidad de dinero, y un reconocimiento de ese ordenamiento, concluye Foley, es la clave para una moderna teoría del dinero.

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